Una de las dinámicas claves dentro del contexto del Nuevo Testamento es la naturaleza espiritual del reino de Jesucristo. Antes del tiempo de la cruz de Cristo, los Israelitas estaban familiarizados, no sólo con su propia experiencia empírica del reino físico de Dios manifestado a través de la economía Mosáica; también estaban familiarizados con las profecías del Antiguo Testamento en la forma en que las entendían. Esto es, interpretaban las profecías bajo un estricto literalismo. Una de las formas más seguras en que podemos ver esto es la respuesta de los Judíos a los milagros de Jesucristo, quien hizo lo que nunca había sido hecho en la historia Israelita:
Juan 9:32 “Desde el siglo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.”
Sin embargo, ellos rechazaron Su testimonio y persona a pesar de los milagros manifestados. El tuvo que implorarles que por lo menos creyeran en El por los milagros que hacía:
Juan 10:37 “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. {38} Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.”
Juan 14:11 “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”De hecho, por sobre esto, ellos Le crucificaron por Su afirmación a la deidad y también por Su declaración de El mismo como aquel pan, el cual, si el hombre comiese, tendría vida eterna:
Juan 6:41 “Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.”
En la mente de los Judíos el mensaje y los milagros de Jesucristo no estaban unidos, sino que presentaban una contradicción. Ellos vieron los milagros, pero no podían reconciliar con esto el mensaje que Cristo predicaba, esto es, que El era el gran YO SOY quien afirmaba haber existido desde antes de Abraham, y que no había otro camino al Padre sino por El. El no solamente afirmó que la vida eterna era exclusívamente accesible a través de El; El también afirmó ser esa vida misma:
Juan 6:51 “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”
Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
De nuevo, estos mensajes eran dichos difíciles para los Judíos, ya que esos discípulos quienes seguían a Cristo meramente porque sus barrigas eran llenadas, le abandonaron ante Su presentación de un mensaje similar:
Juan 6:52 “Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Juan 6:58 “Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron; el que come este pan vivirá eternamente. {59} Estas cosas dijo en Capernaúm, enseñando en una sinagoga. {60} Al oir esto, muchos de sus discípulos dijeron: --Dura es esta palabra; ¿quién la puede oir? {61} Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: --¿Esto os escandaliza? {62} ¿Pues qué, si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba primero? {63} El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. {64} Pero hay algunos de vosotros que no creen --porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo había de entregar--. {65} Y dijo: --Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le es dado del Padre. {66} Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él.”
En esencia, Cristo estaba proclamando con la mayor claridad que Su método de salvación era diferente a lo que al parecer era la creencia común del día (esto es, la salvación a través del cumplimiento de la ley, o las obras de la carne y la nacionalidad), y que la salvación era estrictamente por el don y la gracia de Dios. También, vemos que la naturaleza del reino que Cristo predicó era enteramente contraria a aquel que los Judíos anticiparon. Is probable que los Judíos anticiparan una completa usurpación del imperio de Roma. Ciertamente Daniel podría dirigir a muchos a creer esto, puesto que su profecía describe a cuatro bestias (o imperios que se manifestaron en Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma), el último de los cuales fue temible y poderoso en exceso – el Imperio Romano):
Dan 2:40 “Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y doma todas las cosas, y como el hierro que quebranta todas estas cosas, desmenuzará y quebrantará.”
Dan 7:7 “Después de esto miraba [yo] en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible, y en gran manera fuerte; la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; y era muy diferente de todas las bestias que habían sido antes de ella, y tenía diez cuernos.”
También es probable que los Israelitas entendieran la historia de estas bestias (tres de las cuales habían venido e ido), y que ellos estuvieran en el medio del reinado de aquella cuarta y temible bestia. Sin embargo, Daniel hace bien claro el hecho de que durante los día de esta cuarta bestia, Dios edificaría su reino eterno:
Dan 2:44 “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”
No debemos estar tan sorprendidos de que los Israelitas tuvieran una interpretación literal del pasaje citado arriba. Después de todo, este pasaje junto con otros del Antiguo Testamento parecen estar diciendo que de cierto habría un tiempo en el que un reino físico y literal sería establecido con, y a través, del pueblo Israelita. Y si no tuviéramos la revelación de Jesucristo y Su propia interpretación de las profecías del Antiguo Testamento, ciertamente parecería que un reino literal y físico estaba siendo preparado para este pueblo de Dios.
No obstante, no nos hemos quedado sin interpretación ni explicación del reino. Y más importante, las tenemos de la boca del Señor Jesucristo mismo. En cuanto al siguiente estudio sobre la comunión en 1 Juan, examinemos sólo algunas de las afirmaciones de Cristo que parecen identificar claramente una naturaleza del reino vastamente diferente de la interpretación tradicional que existía en las mentes de los Israelitas, particularmente en el tiempo de Cristo. Nuestro enfoque sobre estos enunciados de Jesucristo son primordialmente del Evangelio de Juan, puesto que la epístola de 1 Juan parece haber estado escrito por el mismo autor.
Quizás el enunciado de Cristo más fuerte acerca de la naturaleza del reino en el Evangelio de Juan es aquel que hizo a Pilato inmediatamente precediendo Su crucificción:
Juan 18:36 “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.”
Juan 18:37 “Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.”
La experiencia misma de Pilato acerca de reinos y reinados era estrictamente empírica. Pilato comprendía que cualquiera que siguiera a este quien se profesaba ser Rey sólo pudiera declarar Su reinado basado únicamente sobre una apelación subjetiva - y quizás mística – a este reino invisible. Por supuesto, Cristo manifestó las obras como testimonio del poder de Su reino invisible, pero no todos creerían, incluso frente a esas obras:
Juan 12:37 “Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; {38} para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? {39} Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: {40} Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan y yo los sane.”
No obstante, Jesús continuó Su proclamación de la naturaleza espiritual del reino. Juan 6 es quizás el capítulo más significativo que trata con el verdadero tema acerca del problema que tenían con la idea de Jesús sobre el reino. Como resultado de las obras, los Judíos no podían hacer otra cosa que buscar más milagros. De hecho, ellos estaban disfrutando Sus milagros a tal grado que trataron de coronarle como rey:
Juan 6:15 “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.”
Jesús huyó porque nunca era Su propósito ser un rey físico sobre el mundo. No sólo esto, sino que ante la persistencia del pueblo para obtener más milagros, Jesús indicó su problema con precisión, y de forma simple les reprendió por ello:
Juan 6:26 “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”
La provisión temporal de cosas como comida y vino, e incluso sanación física, trajo satisfacción a sus mentes carnales. Esto es entendible, ya que todos nosotros tenemos una inclinación a satisfacer nuestra hambre, sed y enfermedad, ya que hemos experimentado estas cosas físicamente. Sin embargo, eran irrelevantes a la razón verdadera para la realización de esos milagros, que era para revelar y testificar al poder de Cristo para crear comida, bebida y sanación eterna de la nada:
Juan 6:27 “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.”
Juan 4:11-14 “La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? {12} ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? {13} Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; {14} mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
Entonces, ¿cómo es que el conocimiento de estos aspectos en el Evangelio de Juan pueden ayudar a nuestro entendimiento de la comunión y hermandad presentada en la primera epístola de Juan? La hermandad y la comunión deben ser comprendidas dentro del contexto del sacrificio y el amor. Estos temas quizás son los dos aspectos constantes e inseparables del mensaje de 1 Juan. Varios versos de por lo menos cuatro fuentes vienen a la mente:
Proverbios 10:12 “El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas.”
Filipenses 2:1-8 “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, {2} completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. {3} Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; {4} no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. {5} Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, {6} el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, {7} sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; {8} y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
y,
Lucas 9:23 “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
Y finalmente,
Juan 15:13-14 “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. {14} Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.”
En estos cuatro pasajes el tema es claro: el amor es testificado o probado por la negación de sí mismo, el cubrir de los pecados, y la exaltación de otros. Es interesante notar que en el pasaje de Proverbios, “el amor cubre todos los pecados”, la palabra traducida como ‘cubre’ literalmente significa ‘esconder’. Salomón nos implora que realmente cubramos o escondamos los pecados de los otros para que así mostremos nuestro amor. A través del amor de Cristo y del negar a uno mismo y tomar Su cruz, El podía esconder o cubrir los pecados de Su pueblo. A través de Su muerte El estimó a otros como “mayores” que El mismo y a su tiempo El fue exaltado:
Phi 2:9 “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”
Sin embargo, Su propia exaltación al tiempo indicado no dejó a Su pueblo sin un propósito similar:
1 Pedro 5:6 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”
Filipenses 2:1 “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia…”
Pablo dice, “si hay… alguna comunión del Espíritu.” Literalmente, si puede haber comunión en el Espíritu, necesariamente debe existir la exaltación de otros basado en la negación de uno mismo. Luego él procede a mostrar el ejemplo máximo de esto, quien es Cristo. En otras palabras, a través del más grande atributo del amor, el sacrificio es hecho y la unión, o comunión, es establecida. En el Evangelio de Juan esto era una meta primaria en la muerte de Cristo:
Juan 11:51-52 “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; {52} y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.”
A través de la negación de El mismo, El congregaría en uno al pueble de Dios. Esta misma idea se encuentra en Efesios:
Efesios 2:13 “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. {14} Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, {15} aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, {16} y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”
El sacrificio, el amor y la unión son los temas principales de estos pasajes, así como se encuentran en la epístola de 1 Juan.
Luego de un breve prólogo acerca de la manifestación del Logos del Padre, Juan declara el propósito de la epístola:
1 Juan 1:3 “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, ara que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.”
La unión o comunión (Gr. Koinonia) es la meta deseada de Juan para el pueblo de Dios. Es interesante que una de las definiciones de koinonia es coito. La palabra Griega koy es la misma de la cual la palabra coitus en Latin es derivado. Específicamente hay un coito espiritual que Juan desea para el pueblo de Dios – un coito que sólo puede existir a través del amor, el cual es alcanzado por el sacrificio de uno mismo. Esta comunión o coito era un gran deseo de Cristo, demostrado en Su oración de que El no sólo tendría este coito con Su esposa, la iglesia, pero que también la iglesia tendría este coito con sus miembros.
Parece que la gran meta, no sólo de la oración de Cristo, sino también de su sacrificio inminente en la cruz, fue para alcanzar la comunión o coito de El con Su pueblo, y Su pueblo unos con otros.
Así es como Juan desarrolla este tema en Su epístola. En el capítulo 1 verso 6, Juan trata aquello de lo que Cristo habló tanto en su ministerio terrenal, el contraste luz/tinieblas.
1 Juan 1:5-7 “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. {6} Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; {7} pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Es vital para nosotros comprender esto en nuestro tratamiento de 1ra Juan. Muchos erróneamente han asociado el caminar en la luz con los ciudadanos cumplidores de la ley del Antiguo Testamento. Antes de ver los contextos y corolarios mencionados, entendemos que caminar en la luz es sinónimo de la fe en el amor de Cristo expresado por su sacrificio máximo, y la demostración de ese amor de auto-sacrificio para unos con los otros. Es entonces que los motivos luz/tinieblas encontrados en 1ra Juan son clarificados. Esto es enormemente significativo cuando consideramos qué son los “mandamientos” de Cristo. Muchos asocian “mandamientos” con cumplir preceptos del Antiguo Testamento. Sin embargo, Juan explica lo que realmente son los “mandamientos”:
1 Juan 3:22-24 “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. {23} Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. {24} Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.”
La fe y el amor para unos con los otros prueba que la unión con Cristo realmente ha tomado lugar. Juan dice que aquellos quienes practican estas cosas son quienes están habitados por El y quienes habitan en El. Juan testifica que a través de la fe y el amor estamos probando que Cristo mora o habita en nosotros, o ha sido hecho uno con nosotros. Por tanto concluímos que caminar en la luz y la obediencia a Sus mandamientos son nada menos que la fe y el amor por Cristo, y el amor unos por los otros; y en esa luz y amor la comunión de Cristo con nosotros y nuestra comunión unos con los otros es probada.
Juan escribe:
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
Cristo anduvo en amor. El fielmente demostró amor que no condenaba a aquellos a quienes El amó, sino que los libertó. El amor no acusa, sino que excusa:
Juan 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Observe, esto fue dicho a una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Los Fariseos eran prontos para acusarla. A su vez, Cristo fue pronto para excusarla. Por supuesto, Dios en Su santidad por el juicio del Antiguo Testamento hubiera tenido todo derecho de condenarla. Sin embargo, a través de la previsión del sacrificio de Su único Hijo El podía excusar a esta mujer y liberarla de las severas acusaciones de los Fariseos. Cristo, en la forma más transparente, muestra que el amor esconde o “cubre una multitud de pecados”. De forma fascinante, Cristo, después de que declara las más grandes palabras que alguien pudiera oír de El, “ni yo te condeno,” luego lo asocia con la cobertura de los pecados exactamente de la forma en que Juan lo asociaría luego; esto es, que la cobertura o esconder de los pecados de alguien es el testimonio de caminar en la luz. Considere el verso siguiente en el contexto de la mujer adúltera:
Juan 8:11-12 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. {12} Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Es como si Cristo demostrara el amor, luego testificara de Sí mismo como la luz, y aquellos quienes siguieran Su ejemplo de amor y cobertura por los pecados de otros serían los que caminasen en la luz. Debemos notar que los Fariseos caminaban alejados de Cristo, mostrando la división entre ellos y Cristo. No obstante, son Cristo y la mujer los que son dejados sólos al final. Así también es con los que se perdonan y se aman unos a otros. Hay union y comunión que testifica del amor y la fe que tenemos en Cristo, no podemos declarar nuestro amor y fe en Cristo a menos que tengamos amor por con los demás como una prueba demostrable. Juan adecuadamente proclama esto:
1 Juan 3:17 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
1 Juan 4:20 “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”
No es que amarnos entre nosotros nos salva, ni que en sí esto nos haga de Cristo; nuestro amor unos por los otros prueba que somos de Cristo. De nuevo, amarnos unos a los otros es principalmente demostrado escondiendo o cubriendo nuestros pecados, pues de nuevo, Proverbios declara, “el amor cubre todos los pecados”. Podemos continuar encontrando este tema en 1ra Juan:
1 Juan 2:11-12 “Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. {12} Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.”
Acá Juan claramente constrasta el andar en tinieblas con aquello que ha ocurrido a estos hermanos. Ellos han sido perdonados por sus pecados. Ellos han sido amados por Dios y por tanto se amarían unos a otros en la misma manera; por tanto ellos caminarían en la luz. Sin embargo, aquellos quienes tenían una mera profesión de fe, y así se acusarían y juzgarían unos a otros se mostrarían que andan en tinieblas. De hecho, aquellos quienes parecían estar unidos con los hermanos, pero salieron de entre los hermanos, al final negarían a Cristo:
1 Juan 2:18-23 “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. {19} Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. {20} Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. {21} No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. {22} ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. {23} Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.”
No era que estos anticristos eran una vez verdaderos hermanos. Al contrario, los verdaderos hermanos continuarían caminando en la luz, creyendo a Cristo como el Dios manifestado en la carne, y continuarían amándose y perdonándose unos a otros. Pablo describe a los anticristos como “falsos hermanos”:
2 Corintios 11:26 “en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;”
Gálatas 2:4 “y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud,”
Es sorprendenteo cómo Pablo describe lo que estos “falsos hermanos” hacen. El dice que ellos intentan espiar sobre la libertad del pueblo de Dios para traerlos a esclavitud. Cristo declaró a los enjuiciadores Fariseos que si el “Hijo os hace libre, en verdad seréis libres”. Esta libertad no es otra que la libertad del pecado. Los Fariseos eran los acusadores de los hermanos. Ellos eran los vasos primarios por los que obraba el adversario. Sin embargo, Pablo dijo: “¿Quién acusará a los elegidos de Dios?”. La respuesta es que hay frecuentes intentos, y sin embargo Pablo confirma:
Romanos 8:33-39 “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.{34} ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.{35} ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? {36} Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. {37} Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. {38} Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, {39} ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
Caminar en amor es caminar como lo hizo Cristo. Cristo no acusó a la mujer adúltera, sino que el diálogo fue claro:
Juan 8:10 “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? {10} Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”
El método de operación de Cristo para Su pueblo era el considerar su fragilidad, considerar Su propio sacrificio, y luego restaurarles. Así es como Pablo anima a los Gálatas:
Gálatas 6:1 “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. {2} Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
¿Cómo es que se cumple la ley de Cristo? Por medio de la restauración. Es cumplido por aquellos quienes son espirituales en considerar sus propias debilidades y restauran (no condenan) al pueblo de Dios. Somos llamados a caminar como Cristo caminó, que significa caminar en amor, restaurándonos unos a otros. De nuevo, Pablo hace la inseparable conexión entre el amor, el sacrificio y el perdón:
Efesios 5:2 “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a símismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”
La principal característica del amor es demostrado al dar de nosotros mismos, o al negarnos por otros por medio del perdón. ¿Cómo es que nos negamos? Cuando la gente nos hiere o nos ofende, somos llamados a perdonarles o a cubrir sus pecados. Les cubrimos “estimando a otros mayores que nosotros mismos” y restaurándoles. Esto es lo que Cristo ha hecho por nosotros. El nos consideró, se sacrificó por nosotros, cubrió nuestros pecados, y luego nos restauró a El mismo, cumpliendo así la comunión:
Colosenses 3:12-14 “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; {13} soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. {14} Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
De nuevo, la asociación es sorprendentemente clara. Por medio del amor y el perdón, establecemos el vínculo de perfección, o bien el enlazar todo en perfecta armonía. El orden luce evidente: Por el amor y el sacrificio de Cristo, El ha alcanzado comunión, restauración y armonía entre nosotros y El. Esta es la unión espiritual irrompible en los lugares celestiales. Del mismo modo, para probar esa unión, practicamos el mismo amor y sacrificio, el cual a la vez promueve la comunión, restauración y armonía entre nosotros.
Ahora pasamos a un pasaje enormemente difícil en 1ra de Juan:
1 Juan 3:4-9 “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. {5} Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. {6} Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. {7} Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. {8} El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. {9} Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”
Algunos han interpretado que este pasaje significa que si uno es un Cristiano verdadero, estará en perfecta obediencia a los Diez Mandamientos en su práctica externa como en su pensamiento interno. Otros afirman lo mismo, pero añaden el que sea un proceso gradual. En cualquier caso, pudiéramos referirnos a esas creencias como la doctrina del Perfeccionismo. Y bueno, no es para basar la Cristiandad sobre la experiencia, pero si todos somos honestos, y el Perfeccionismo es verdadero, nadie jamás ha nacido o nacerá de Dios. Pero considerando lo que ya hemos establecido, ¿es esta verdaderamente la idea que Juan está tratando de emitir? Parecería que el contexto está diciendo con certeza que se refiere a la ley del Antiguo Testamento cuando Juan escribe, “el pecado es infracción de la ley”. Por tanto, los versos a partir del 4to deben permanecer dentro del macro-contexto de la intención del autor. En este punto, es imperativo que entendamos la teología de la cruz versus la ley. Pablo escribe en Romanos:
Romanos 8:2-4 “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
La ley es cumplida en nosotros. ¿Cómo? Unicamente a través de la obra de Cristo. No es algo que deba repetirse, pues el autor de Hebreos escribe:
Hebreos 7:27 “que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.”
Hebreos 9:12 “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”
Hebreos 9:26 “De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.”
Hebreos 9:28 “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”
Hebreos 10:10 “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”
Por tanto, si la ofrenda había de hacerse una sola vez, y el resultado era el cumplimiento único de la justicia de Dios alcanzada en nosotros por el Espíritu de Dios por medio de esa ofrenda, entonces somos exactamente como Pablo nos declara que somos:
Colosenses 1:21-22 “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado {22} en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;”
Somos de una vez por todas santos, sin culpa e irreprensibles en la vista de Dios. En otras palabras, no podemos pecar en la vista de Dios en lo que concierne a transgredir la ley. De modo que, cuando Pablo dice que la justicia de la ley es cumplida, esto no tiene diferencia a como cuando Juan dice que aquel quien nace de Dios no puede pecar. Simplemente no podemos transgredir la ley porque fuimos lavados por el sacrificio de Cristo. Claro está, es importante entender que la obra transformadora del Espíritu estaba cambiando a los creyentes del primer siglo en la perfecta y santa imagen de Cristo:
2 Corintios 3:18 “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Estaban esperando la salvación consumada que tomaría lugar por la aparición de Cristo:
Hebreos 9:28 “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”
Por esa razón ellos debían confesar sus pecados contínuamente, no de la forma en que confesamos hoy día. Esto es, confesamos nuestros pecados hoy para declarar que en Su vista, la salvación y la liberación fueron completamente alcanzadas por Su muerte, resurrección y presencia entre nosotros. Los creyentes del primer siglo, sin embargo, estaban pasando por un proceso de transformación que podría, a través del Espíritu, cambiarles en la gloria del Nuevo Pacto y en la imagen de Cristo. Por tanto, la completa santidad y justicia no sería alcanzada hasta Su presencia en el tiempo de la destrucción del Templo o Tabernáculo o Tienda:
Gálatas 5:5 “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia”
Hebreos 9:8 “dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.”
Así que cuando Juan escribe:
1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
…él muy probablemente estaba refiriéndose a la anticipada terminación de la transformación. Juan incluso reconoce la realidad de esta transformación que estaban experimentando:
1 Juan 2:8 “Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.”
La tiniebla de la ley del pecado y la muerte, y aquel sistema existente que permitía que la consciencia fuera afectada por las acusaciones del adversario, fueron lentamente removidas:
1 Pedro 5:8 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;”
Hebreos 9:9 “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto,”
Hebreos 9:14 “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
La conjugación de ese verbo es clara. Su consciencia sería purgada una vez que el primer tabernáculo o Templo fuera completamente removido. ¿Por qué? Porque era la existencia de ese Templo lo que en algún modo significativo y espiritual recordaba a los creyentes del primer siglo acerca de la tiniebla del Antiguo Testamento, y que el peso que imponía sobre la consciencia no había pasado por completo:
2 Corintios 3:11 “Porque si lo que [está pereciendo] tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.”
Hebreos 8:13 “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”
Esta era la tiniebla que Juan describe como que “está pereciendo”. De hecho, sí estaba pereciendo. Por tanto, para poder asegurar los corazones de los creyentes del primer siglo de que estaban siendo guardados por Cristo durante ese período de transformación, El les amonestó a que caminaran en el amor y la luz de la verdad del perdón y la libertad en el Nuevo Pacto, muriendo a sí mismos y perdonando a los otros. Esto sería el cumplir la ley de Cristo, o bien mostrar que la justicia de la ley había sido cumplida. Por esto, el pasaje en 1ra Juan claramente se refiere al hecho de que pecar (transgredir la ley) es imposible para quien haya verdaderamente nacido de Dios. La única manera de transgredir la ley sería quedar en incredulidad y colocar cargas sobre el pueblo de Dios. Si había una negación de Cristo y Su método de salvación por gracia, y había un espíritu de acusación contra Su pueblo (y por tanto, una negación de la salvación por gracia y Su efectiva salvación en ese pueblo), estas eran las evidencias de que eran falsos hermanos, sin importar su profesión. El perdón, la fe en Cristo, y el amor que cubre todos los pecados, eran los frutos que identificaban al verdadero creyente en Cristo, cumpliendo así las palabras de Cristo, “por sus frutos les conoceréis”.
Juan escribe sobre Cristo:
I Juan 3:5 “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.”
Cristo amó. Cristo se sacrificó. Cristo perdonó. Cristo cubrió el pecado. Juan proclama: “Dios es amor.” Luego Juan asocia los dos:
1 Juan 4:8-10 “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. {9} En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. {10} En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
El amor se demuestra por el sacrificio. Juan llama al pueblo de Dios a amar como Cristo amó. Esto está en harmonía con la oración de Cristo:
Juan 17:26 “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”
En este verso, es obvio que Cristo asocia el amor y Su unión con Su pueblo. Cristo oró por el amor de Dios a ser en ellos y también que El sea en ellos. Esta es la unión con Dios por medio de Su amor. Esta comunión o coito se manifiesta en la misma manera que se manifestó Su amor por nosotros, esto es, el perdón por nuestros pecados:
1 Juan 3:16 “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.”
El dar nuestras vidas por nuestros hermanos significa perdonarles cuando ellos transgreden contra nosotros. Es el cubrir sus pecados, pues de nuevo, “el amor cubre todos los pecados.” Por este amor mostramos nuestro coito con los hermanos y nuestro coito con Dios:
1 Juan 3:14 “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.”
1 Juan 4:7-8 “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. {8} El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”
El “conocer a Dios” debe ser visto como nuestra koinonía o coito con Dios. Cristo dijo:
Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
Este tipo de conocimiento es visto como un coito en pasajes como:
Génesis 4:1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.”
Génesis 4:17 “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.”
Génesis 38:26 “Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.”
Jueces 11:39 “Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.”
Así que cuando consideramos el conocimiento de Dios, o el conocer a Dios, de lo cual Juan habla, debemos entenderlo como aquel coito por el cual Dios y Su pueblo se han vuelto uno. El es el Esposo y la iglesia es Su esposa. Han consumado la relación para que El tenga comunión o coito con ella eternamente. Por tanto, por este coito, los miembros de la esposa estarán casados unos con los otros y tendrán esa koinonía unos con los otros. Isaías profetizó sobre esto mismo:
Isaías 62:4 Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada. {5} Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.
Todo esto se refiere a la intimidad y la comunión de Dios y Su pueblo por medio del método del sacrificio y el amor, y ese amor es el tema prevaleciente en la epístola de 1 Juan.
Cristo dijo que la vida eterna es conocer a Dios. Esto es, por medio de la inseminación de Su Espíritu, se nos es dado nueva vida. Somos renacidos, o nacidos de nuevo. En su epístola, Juan dice que sabemos que hemos pasado de muerte a vida cuando amamos a los hermanos. Juan declara que es por medio de la entrega de la vida de Cristo que percibimos el amor de Dios (1 Juan 3:16).
Puesto que la unidad es por lo que el cuerpo de Cristo debe esforzarse, el método por el cual es alcanzado debe ser enfatizado; pues, en el amor que alcanza la unidad, nuestra comunión con Dios es confirmada o probada. Muchos dudan de su salvación como resultado de una falta de cumplimiento de la ley Mosáica. Sin embargo, era el Fariseo quien se vanagloriaba de su obediencia a la ley Mosáica, y era por medio de la obediencia que ellos creían ser justos a la vista de Dios:
Romanos 10:3 “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;”
Pablo expresa muy claramente el hecho de que la justicia no está basada en el cumplimiento de la ley, sino, como hemos visto (Romanos 8:2-4), está basado sobre el cumplimiento de Cristo. Entonces, como resultado de este cumplimiento, el creyente en Cristo confía únicamente en Cristo para salvación y perdona al pueblo de Cristo cuando son confrontados con sus faltas.
Esto nos lleva a la pregunta de la seguridad. ¿Cómo sabemos? La prueba de ácido de la Cristiandad es el amor, que se manifiesta perdonándonos unos a otros. Cuando Juan habla sobre un hermano viendo a otro hermano en necesidad, él se refiere a su necesidad de restauración. Cristo habló sobre “hacer a uno de los más pequeños, mis hermanos.” El habló sobre vestirles, alimentarles, saciar su sed, visitarles en prisión y cuando estuviesen enfermos.
Particularmente, todos estos se refieren al consuelo del Evangelio en el perdón eterno cumplido por el sacrificio de Cristo. Isaías profetizó, “consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalem: decidle á voces que su tiempo es ya cumplido.” Esto es, el objetivo más grande del Cristiano es amar a Dios y restaurar a los creyentes recordándoles sobre los consuelos del Evangelio de Cristo por medio del perdón de los pecados.
Esto es lo que trae restauración y comunión. Las acusaciones y juicios traen división y rencor. Santiago dijo:
Santiago 2:13 “Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio.”
Dios se deleita en la misericordia. La misericordia se deleita contra el juicio. El que nosotros juzguemos a alguien sobre quien Dios ha otorgado misericordia, es probar que somos aquellos sobre quienes no habrá misericordia. Pues Cristo mismo dijo:
Mateo 5:7 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”
Pero esa misericordia que demostramos es siempre un fruto o resultado, y no una causa, de haber obtenido misericordia. Así mismo dijo Cristo al pecador en Lucas 7:
Lucas 7:47 “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.”
Y así mismo escribió Juan:
1 Juan 4:19 “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
Toda la misericordia, el amor, y el perdón demostrado en el pueblo de Dios son los resultados de que Dios primero nos amara, nos perdonara, y tuviera misericordia de nosotros. Sin embargo, debemos comprender que esas características son un resultado inevitable de la obra inicial de Dios hacia nosotros.
1 Juan 3:19-21 “Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; {20} pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. {21} Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;”
La aseguranza viene por medio del fruto resultante. Un árbol debe ser plantado, pero para poder determinar qué clase de árbol es, debe haber fruto. Una vez aparece ese fruto, es ahí cuando la identificación del árbol es manifiesta. El verso 20 del capítulo 3 no es tanto como un pasaje confirmando nuestra salvación. En cambio, es un pasaje que nos permite saber que Dios es mayor que el corazón que ha sido engañado en pensar que es justo en la vista de Dios sin el fruto que sobrenaturalmente fluye de un corazón regenerado. El verso 21 explica que la confianza hacia Dios es cuando continuamos creyendo en El solamente para nuestra salvación y tener misericordia, amor, y perdón hacia Su pueblo.
Continuando este gran tema del amor y la intimidad y comunión con Dios, Juan escribe:
1 Juan 4:16 “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.”
De nuevo, nuestra comunión con Dios es manifestada por nuestro amor por Dios. Y por supuesto, esto se manifiesta por nuestro amor por el pueblo de Dios.
1 Juan 4:21 “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”
En el capítulo 5, Juan relata sobre los inseparables atributos de la fe y el amor:
1 Juan 5:1 “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.”
Como creyentes (esto es, los que tenemos fe que Jesús es el Cristo), también amaremos a los otros quienes son nacidos de Dios. Esto es crucial para entender la relación entre nuestra comunión con Dios y nuestra comunión unos con los otros. En otras palabras, cuando el pueblo de Dios declara su fe y confía completamente en El para el perdón de los pecados, ellos son recordados de su propia necesidad del amor de Cristo. Por tanto, como resultado, ellos responden en humildad y amor hacia otros creyentes cuando ellos son confrontados con una falta. Es un fruto o crecimiento sobrenatural de la experiencia del nuevo nacimiento. Tristemente, la experiencia del “nuevo nacimiento” ha sido frecuentemente trivializado en una mera experiencia individual que es exclusivamente entre el individuo y Dios. Sin embargo, la palabra de Dios, particularmente en 1 Juan, parece esclarecer que el ser “engendrados” de Dios tiene efectos significativos sobre el cuerpo completo de Cristo, con el que una persona se vuelve uno por medio de la fe verdadera en Jesucristo. La manifestación de esta fe será un amor que sacrifica y restaura unos a otros.
Juan concluye su epístola con estas palabras:
1 Juan 5:20 “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”
La vida eterna y el conocimiento de Dios son descripciones de esa inseparable unión consumada por fe en el sacrificio y el amor de Cristo. Estamos en El quien es verdadero, y comprendemos que le conocemos a El, y experimentamos comunión eterna con El y Su pueblo. Este es el testimonio del reino de Cristo en la tierra. A los apóstoles se les amonestaba a que orasen por que viniese el reino de Dios. Por medio del amor y el perdón demostramos enfáticamente la realidad de la obra de Cristo y el Espíritu de Dios en nuestras vidas. Por ese amor el mundo sabría que somos Sus discípulos.
El amor y el reino de Cristo nos da propósito en la vida. Nuestro mundo carece de propósito porque carece del amor de Dios. Cuando el amor de Dios carece, el universo revuelve alrededor del individuo y no del Creador ni Su comunidad. El verdadero propósito busca establecer el objetivo mayor del beneficio de Cristo y esa comunidad. La paz que Cristo da era una paz que rompería los muros de partición entre las razas. La sangre de Cristo arranca el orgullo y la división no sólo entre Dios y el hombre, sino también entre el hombre y el hombre. La extensión de la sangre de Cristo se entrelaza entre las vidas de aquellos a quienes es aplicada. Ese amor resulta en una operación contínua de auto-negación para alcanzar el propósito máximo de la exaltación de Cristo y Su cuerpo, la iglesia o comunión de creyentes. Que esa comunión, reino, y amor continúe esparciéndose por nuestras familias, amigos y el mundo entero.
EL REINO Y LA COMUÑION DE DIOS
por Ward Fenley, traducido por Alexander Rodríguez
http://newcreationministries.tv/Articles/ReinoComunion.htm